"un óvulo fecundado es un ser... basta esperar algún tiempo para comprobarlo"

Jérôme Lejeune, catedratico de genetica

Mundo farmacéutico, en parís control de natalidad aborto, diciembre 1974, Catedrático de genética.


Sommaire






























París, las diez y media. El Barrio Latino bulle de estudiantes. En la recoleta calle de la Escuela de Medicina esta, laturalmente, la Facultad. Viejo y noble edificio. Un amplio zaguán. Piedras antiguas y brillo en los adoquines. Grupos le universitarios. En la entrada, enormes paneles repletos de anuncios y peticiones de todos tipos. Una puerta, una iscalera, un letrero: Instituto de Progenética. Allí, en un ambiente tenue, de luz artificial indirecta, sosegado, y envuelto por un silencio respetuoso, está el profesor Jéróme Lejeune, catedrático de Genética. Autoridad mundial, el primero que la aclarado el origen genético del mongolismo. Su gabinete de trabajo no tiene pretensiones. Es pequeño, con anaqueles y libros, y él trabaja en una pequeña mesa de madera apoyada contra la pared del fondo. Es decir, que el profesor tra-)aja contra la pared. A nivel de su cabeza, en la madera de la que está recubierto el muro, hay Imágenes religiosas. El profesor tiene un breve bigote grisáceo y unos cabellos canosos y muy recortados. Es joven, de mirada fría. Parece concentrado sobre sus ideas.

- Profesor, es del dominio público que algunos gobiernos y organizaciones internacionales, entre ellas la propia O. N. U., han orquestado una auténtica planificación det control demográfico a nivel mundial. Un ejemplo típico de estas iniciativas, tendentes a influir decisivamente sobre la población mundial, ha tenido Jugar recientemente en Rumania. Pues bien, deseáríamos conocer su opinión sobreña siguiente: ¿Cree usted, sinceramente, que son sólo razones aparentemente "humanitarias" las que mueven estas iniciativas, sobre el control de la natalidad? ¿O, por el contrario, en el fondoquizás muy en el fondo- se están conjugando factores económicos -macroeconómicos- que pueden alterarse gravemente al producirse los ritmos de crecimientos naturales de los diversos pueblos de la Tierra? En otros términos, ¿no será que existen razones por las cuales la limitación de la natalidad a nivel mundial es un imperativo para que se consolide un cierto "imperialismo económico" de unos pueblos ricos sobre otros pobres?

-Mi opinión sobre este sentido no tiene gran importancia porque puedo equivocarme como cualquiera. En cambio, puedo relatarle lo que he oído en Bucarest, en el Congreso sobre la Población, a los delegados políticos. Era evidente que la decisión de disminuir una población mundial, de estabilizarla o de aumentarla, tal como fue expresada por los delegados de cada país, era estrictamente política. En ningún momento se discutió verdaderamente sobre la demografía ni sobre la estructura de los pueblos. Nadie quiso hablar de este tema. Lo que estaba claro era, por ejemplo, el caso de los rumanos, que han experimentado el aborto libre durante varios años y que ahora echan en falta una clase entera de niños, lo cual se puede comprobar en las calles de Bucarest. Se ven niños de menos de cinco años. se ven niños de más de doce años, pero no se ve ningún niño en edades intermedias. Los rumanos dijeron en el Congreso: "Hemos realizado este experimento y sabemos que es nocivo; y, en consecuencia, no admitiremos ningún consejo para regular la población." Igualmente, por ejemplo, argentinos y brasileños declararon: "Somos grandes países, poseemos espacios inmensos, tenemos poblaciones pequeñas; nadie puede prohibimos aumentar nuestra población. Eso sería impedirnos llegar a ser las grandes potencias que debemos llegar a ser." Habla usted de un I imperialismo, pero yo no soy un I hombre político y no puedo darle una impresión. La noción que más sobresalió de las discusiones entre los escandinavos, que son extremadamente maltusianos; los americanos, que lo son también; las dos Alemanias, que lo son igualmente, y el Japón, que lo es también, fue que, habiendo ya, bien estabilizado sus poblaciones o teniendo ya una población que empieza a disminuir, estos países están asustados al ver cómo otros i países aumentan la suya, y se dicen: "Si la situación continúa hacia este desequilibrio, nuestras poblaciones van a verse desfavorecidas." Y es probablemente una de las razones más claras por las cuales quieren disminuir también el crecimiento de otras poblaciones del globo. Es lo único que puedo decirle. No es una interpretación. Es, simplemente, lo que he visto en el Congreso de Bucarest.

-Profesor, ¿es imposible admitir que un esfuerzo conjunto, sincero, de todos los pueblos, tendentes a desarrollar todas las riquezas de la tierra podría, probablemente, remediar en gran parte el llamado problema demográfico? ¿Es realmente tan absoluto, tan definitivo, el peligro de "asfixia demográfica" como los "profetas de la anticoncepción" predican incesantemente?

-Esto no es exacto. En la conferencia de Bucarest, los especialistas del mundo entero han calculado que, con los medios que poseemos en la actualidad, y sin suponer el aporte de nuevos medios o inventos revolucionarios, el planeta puede ser capaz de alimentar entre treinta y setenta mil millones de hombres. En definitiva, no es, pues, ef agotamiento de los recursos el motivo invocado para favorecer el control demográfico, porque ningún país discutió estas cifras dadas en su informe científico.

-En este caso, sobresalen más todavía las razones políticas.

-Todo lo que puedo decir respecto a las discusiones que he oído es que provenían netamente de hombres políticos que hablaban en nombre de su país.

-En otros términos, profesor, ¿no cree usted que el hombre desarrollado del futuro, conocedor de su limitación en todos los planos, sería capaz de autorregularse en el plano de la fertilidad, actuando libremente? Es decir, sin la organización sistemática de planes de regulación de natalidad a nivel político, el hombre -como ser biológico-, ¿no encontraría, a solas con su conciencia y con su presente económico, el camino de autorregular su descendencia, como ha sucedido en todas las épocas?

-Sí. Le diré que, como profesor de genética básica, me parece que todos los planes hechos para reglamentar la reproducción son un poco como juegos del intelecto. Ningún plan ha podido hacer disminuir la natalidad en Francia, en América o en Escandinavia; es más bien como un estado de ánimo; ciertos países poseen un estado de ánimo de pioneros y ningún plan les apartará de él; seguirán aumentando su población y llegarán a ser grandes potencias, aunque no lo sean todavía en la actualidad. En ese caso, no creo que haga falta conmoverse mucho respecto a la actividad de los planificadores porque pienso que influyen poco sobre la realidad. Afortunadamente, el hombre escapa de momento a los planes de los cíentistas.

-Un médico, un farmacéutico, un profesional de la sanidad, en cualquier parte de la tierra puede ser "utilizado", quizás insensiblemente, a favor de una manipulación en este sentido. ¿Cuál cree usted que debe ser la actitud de estos profesionales ante la sospecha de esta manipulación? Por ejemplo, en un Congreso de farmacéuticos, recientemente celebrado en Roma, se ha "pretendido" la colaboración del farmacéutico en esta gran tarea de manipular la demografía mundial, el cual debía "explicar" a los pacientes las características y ventajas de tales o cuales métodos anticonceptivos... ¿Recomendaría usted un cierto "activismo" comprometido, en la defensa de los derechos de la vida humana?

-Existe, ciertamente, una fuerte propaganda, pero saben muy bien que el fracaso ha sido muy importante. Una prueba de ello la tenemos en el hecho de que los -digamos- "abogados" de la organización internacional que quiere limitar la reproducción humana han declarado, de hecho, que los contraceptivos distribuidos a través de los médicos y de los farmacéuticos no resultaban eficaces y que lo que hacía falta, era lograr su venta en los mercados, en los "monoprix", en las "boutiques". Y que, visiblemente, no había forma de convencer al cuerpo médico ni al cuerpo farmacéutico de qué impedir el nacimiento de los niños era algo bueno. En consecuencia, había que pasar por encima de las profesiones de la salud. Esto es turbador, porque los que decían "no nos podemos equivocar respecto a médicos y a farmacéuticos, porque a ellos, verdaderamente, no hay quién les convenza", eran los propios planificadores, esa especie de masonería de gentes que niegan la posibilidad de reproducirse...

-Usted cree que los médicos no están convencidos...

-Sólo le relato lo que se dice. Sobre fenómenos a oscala planetaria, no tengo una opinión personal precisa. Es demasiado complicado para mí.

-Hay, de todas formas, una cierta cantidad de médicos que sí son partidarios de planificar la vida.

-Sí, es probable, pero tienen que ser una fracción muy pequeña, al menos en la medida que se pueda juzgar el asunto.

-Profesor, cambiemos, si le pa-rece, el tercio -como se dice en términos taurinos- y hablemos de un tema concreto: el aborto. En los últimos años, y con gran rapidez, muchos gobiernos de Occidente han "liberalizado" la cuestión del aborto. Un argumento a favor de esta política ha sido la existencia de gran número de abortos ilegales, cuya denuncia por parte de los médicos de hecfio no se hacía. La liberalización de las prácticas abortivas ha supuesto, sin embargo, un acusado incremento del número total de abortos. Teniendo en cuenta que es usted uno de los primeros genetistas mundiales, nos gustaría conocer su opinión sobre el tema.

-El fenómeno del aumento de los abortos cuando la ley los legaliza es un fenómeno cierto. No sólo aumenta el número total de abortos, sino que también aumenta o no se modifica el número de abortos practicados en la clandestinidad. Y esto, por una razón muy precisa: una parte de los abortos no van contra el niño, sino más bien a disimular el hecho de que la mujer haya estado embarazada; y, en consecuencia, estos abortos no pueden en ningún caso ser declarados a ningún organismo. Incluso en Nueva York hay abortos clandestinos y mujeres que quieren el aborto clandestino. Se puede decir, desde luego, que ninguna ley autorizando el aborto ha alcanzado su propósito, el cual era, aparentemente, suprimir su práctica clandestina. En ningún país del mundo ha sucedido. El segundo fenómeno es que esta medida ha hecho aumentar siempre, de un modo colosal, el número de abortos, multiplicado su número, según los países, por tres o por diez. Estas son las cifras observadas. Es cierto, pues, que es nocivo para cualquier país autorizar legalmente ese modo de eliminar los niños.

-¿Cuándo tiene lugar realmente, a nivel biológico, el principio de la vida de un ser? Piense usted que se ha llegado a decir, quizá como sujeto jurídico, que la vida se iniciaría al detectarse los primeros signos de actividad cerebral en el huevo, lo cual ocurriría pasadas las primeras semanas de la vida.

-Es una pregunta divertida. En ningún país del mundo nadie se ha preguntado al respecto antes de legalizar el aborto. Hace sólo cinco o seis años, todos los médi-cos y todos los genetistas del mundo estaban de acuerdo en dedecir: 'la vida empieza en el comienzo, es decir, en la fecundación". Eso es además lo que se enseña actualmente en todas las facultades en que se enseña Genética. Todos los profesores de Genética del mundo enseñan esto, y no solamente en lo que se refiere al hombre, sino que también se enseña del mismo modo para el comienzo de la vida del cocodrilo o para el comienzo de la vida de un ratón. Esta pregunta: "¿Empieza más tarde la vida humana?" la han planteado simplemente para intentar que la población acepte la eliminación de ciertos sujetos. Si usted quiere, hay en esto una especie de esquizofrenia. Todos saben, todos los científicos saben muy bien que el hombre comienza a serlo desde el principio. Esto no ofrece ninguna duda. Se han utilizado gran número de contorsiones intelectuales, diciendo: "sólo empieza la vida después de una se-mana, o de un mes, o de dos meses, o tres meses, o seis meses, o después de nueve meses"... Y eso simplemente para permitir que la opinión pública, la cual se niega a matar a un niño, crea que lo que se mata todavía no es un niño. Esto es verdaderamente esquizofrenia, en el sentido de negación de la realidad. Porque la realidad es que en cualquier aborto se elimina a un ser humano muy joven, eso es todo. Aquí no hay ninguna ambigüedad científica.

-¿Cree usted que los que dicen que la vida empieza después de algunas semanas se han equivocado? Porque no se puede pensar que se trata de mala fe, supongo.

-Creo que hacen una distinción entre la vida humana en sí porque saben muy bien que ésta comienza al principio, y una vida humana digna de respeto. Dicen que hasta que esta vida no ha llegado a poseer ciertas características, como, por ejemplo, el poder hablar, no es verdaderamente una vida humana. Pero esto no es una definición científica. Es una definición que dice: "sólo admitiré respetar a tal individuo cuando éste sea capaz de realizar tal cosa". Entonces unos dicen: "cuando somos capaces de reconocer que es un hombre, decimos que es una vida humana". Pero esto pasaría, digamos, a los dos meses si se mira a ojo desnudo, pasaría en la fe-

-No. Creo en esencia que no firman -en fin- porque resulta siempre molesto poner su firma, poner su nombre, comprometerse públicamente. El número de médicos a quienes les apetece hacer abortos y que lo aceptan es extremadamente reducido. Tenemos el ejemplo de Estados Unidos. En los Estados Unidos, donde el aborto es libre, no hay que creer que todos los médicos aceptan realizar un aborto. He hablado de este tema con unos amigos de Nueva York y no hay prácticamente ningún médico de cabecera que quiera realizar un aborto. Hay médicos que han abandonado la medicina para ser abonadores, pero esos ya no practican la medicina. No hay que creer que un médico normal encuentre legítimo el hecho de matar a un pequeño paciente. No, eso no es verdad. Le diré a usted que en los Estados Unidos, en el conjunto total de los médicos, ni el 1 por 100 es partidario del aborto. Hay, pues, un 1 por 100, digamos, de gentes que reniegan de su juramento en una profesión. Es muy lamentable, pero es algo que debe de existir también en el seno de otras profesiones. Un 1 por 100 de gente deshonesta no es excesivo ni muy sorprendente.

-He leído unas declaraciones de Monod -no puedo precisar la fecha con exactitud- en las cuales decía que hasta tal semana del embarazo...

-Sí, aún me acuerdo. Había declarado a la radio que el cerebro no existía antes del quinto mes. De parte de un bacteriólogo, es un error que podría, digamos, excusarse; pero si hubiera sido estudiante en medicina de segundo año, seguro que le habrían suspendido en un examen, porque se sabe muy bien que el cerebro está en su sitio a los dos meses. Es, pues, un error enorme e imperdonable.

-He aquí pues, un premio Nobel hablando por radio, a través de un medio norma! de difusión, al gran público. Entonces hay mujeres y hombres que se fían de él. Parece terrible tal falta de responsabilidad por parte de unos científicos tan renombrados...

-En el caso presente creo que fue verdaderamente un error y que ignoraba de qué hablaba. Creo que fue un simple error.

-Pero el daño que puede producir una declaración errónea, viniendo de un hombre de esta categoría, es enorme.

-Ahí está el peligro.

-Sí, porque cuando se trata de un médico cualquiera la gente puede pensar más fácilmente que se equivoca; pero están esos "masones" del aborto, como los califica usted, que se aprovechan de la situación inmediatamente para decir: "El profesor Monod, premio Nobel, ha dicho... he aquí, pues, la prueba de que un aborto antes del quinto mes..., etc."

-Lo sé muy bien.

-Digamos, pues, que científicamente se puede afirmar que la expulsión da un óvulo fecundado, desde el mismo momento de su fecundación, es matar a un ser humano.

-Se puede decir que se ha interrumpido la vida de un ser humano muy pequeño.

-¿Es un ser humano?

-Sí, eso no ofrece duda. Es seguro que no es un chimpancé, y es seguro también que no es un tumor. Entonces, si no es ninguna otra clase de animal;, ni es un tumor, es necesariamente un ser humano; en todo caso, si se duda de ello basta con esperar algún tiempo, y al cabo de nueve meses se podrá comprobar que era, en efecto, un ser humano.

-Y como científico, ¿puede usted separar en sus investigaciones, en su pensamiento científico, las cuestiones morales de las cuestiones puramente científicas?

-Si y no. Sí, porque decir que en el huevo fecundado del drosofilo hay un ser drosofiliano no plantea absolutamente ninguna cuestión moral y es un dato perteneciente al experimento científico. En consecuencia, si dice usted lo mismo para un huevo humano fecundado, utiliza usted exactamente la misma razón científica que utilizara anteriormente en el caso del drosofilo. Sin embargo, en el ejercicio de la medicina y en el ejercicio de las aplicaciones de la ciencia, no se puede hacer abstracción de la moral, en el sentido de que, por ejemplo, hacemos experimentos genéticos sobre el animal y no lo hacemos sobre el hombre. Se puede analizar el cerebro de un animal recortándolo a trocitos, y, sin embargo, esto no se puede hacer en el caso del hombre. El hecho de no realizar los mismos experimentos científicos con el hombre que con el animal no proviene de una imposi bilidad científica, sino de una razón moral; es decir, porque consideramos que el hombre no es un animal. En el razonamiento puro, pues, la ciencia puede hacer abstracción total de la moral; pero una vez que se actúa, cuando se ¡ aplica, no puede prescindirse de ella.

-Sí, pero pueden existir, digamos distintos conceptos de moral. Voy a emitir, por ejemplo, una hipótesis: usted no quiere hacer en ! este momento declaraciones sobre los anticonceptivos orales, porque está usted haciendo, y otros también, nuevos experimentos, y no quiere usted hacer ninguna declaración al respecto hasta no conocer los resultados, lo cual es una posición clásica muy científica y muy moral. Emito otra hipótesis: hasta ahora usted se ha manifestado, en principio, en contra de los anticonceptivos orales, no sola por razones morales, sino también por cuestiones científicas, porque hasta ahora sus experimentos le dicen que pueden ser dañinos para las mujeres. Supongamos, y esto es una hipótesis, que nuevos experimentos prueben que los anticonceptivos orales no ofrecen ningún peligro para las mujeres. ¿Podría usted decir, digamos de un modo científico: "nuestros experimentos prueban que los anticonceptivos no son peligrosos, pero como moralista tengo que desaconsejar su uso, porque planifican y destruyen la vida de los seres humanos?". Es decir, que, como científico, se vería usted obligado a reconocer que los experimentos son de tal naturaleza que prueban que los anticonceptivos orales no son peligrosos, incluso si. desde un punto de vista moral, su pensamiento pudiera resultar distinto.

-Aquí me hace usted una pregunta que se llama "hipótesis de escuela". Es decir, una pregunta que no tiene en cuenta el estado actual de las cosas, pero que supone que se tiene la prueba formal de que los anticonceptivos orales no son dañinos para las mujeres ni para los niños que lian de nacer. Supone usted eso. No es el caso, pero supongámoslo. Si eso fuera así, el genetista diría: "esta práctica no tiene efectos nocivos". Me pregunta usted si como hombre teniendo una moral, seguiría pensando y diciendo que es preferible no tomarlos. En esta hipótesis, que no es real, creo que conservaría la misma opinión, pues aun sabiendo que no tendrían ningún efecto orgánico secundario, sí sus efectos psicológicos, que corresponden a la noción de la vida que se ha interrumpido, incluso suponiendo que esto sea sin peligro, se ha roto un equilibrio natural, y no es bueno romper un equilibrio natural. Y esto lo diría realmente como científico. Como moralista - yo no soy moralista-, sobre la aplicación precisa de las consignas que permiten al hombre desarrollar normalmente su vida sexual, me referiría exclusivamente a la noción que la Iglesia Católica enseña, y m los pacientes a los cuales hablo son católicos, les diría: 'Tienen ustedes que escuchar lo qutti les dice la Iglesia." Si, por el contrario, no lo son, les diría: "No tengo nada que decirles al respecto, porque no comparten esta opinión moral y, por lo tanto, no puedo decirles nada."

-¿No cree usted que la civilización del hombre es, en gran parte, una lucha contra ciertos equilibrios naturales?

-Sí, es una gran verdad. Es verdad que para que nos realicemos a nosotros mismos armoniosamente estamos obligados a tener en cuenta nuestra propia naturaleza. Precisamente, la dignidad del hombre reside en tener en cuenta su naturaleza y llegar a dirigirla. No modificarla. Tomo un ejemplo bastante grosero, pero que se refiere al aspecto sexual: usted sabe que en la época primitiva del catolicismo ciertos sujetos se castraron para evitar la tentación sexual. Equivalía un poco a una "superpíldora", muy grosera, evidentemente, pero se parece. Es evidente que es inmoral. Es tan necesario controlar su comportamiento sexual, como es absolutamente inmoral amputarse una facultad que nos ha dado la naturaleza. Debemos controlarla, pero no destruirla.

-¿No sería lo mismo el celibato voluntario?

-No. El celibato voluntario es una decisión de controlar su naturaleza propia, pero no cambiarla. En cambio, hacerse quitar los testículos o hacerse cortar los conductos deferentes es modificar realmente su constitución, con lo cual ya no se la domina, es algo definitivo. Esto es, sil usted quiere, una opinión de moralista. Todo médico es necesariamente un poco moralista, pero no pienso que eso sea lo más importante en el ejercicio de la medicina, sino que es lo más importante para cada individuo. No creo que los médicos deban ser profesores de moral.

-No, claro; pero cada hombre tiene una moral.

-El médico tiene un lema muy sencillo que no ha cambiado nunca. Es el siguiente: "ante todo, no dañar; después, curar". Y es evidente que cuando se habla de aborto se perjudica a un niño, ya que se le mata, y cuando se habla de contracepción química es cierto que se perjudica el equilibrio natural de la mujer y que se transforma a una mujer normal en una mujer infecunda. Si fuera la naturaleza que la hubiera hecho infecunda, consultaría al médico para que éste la devolviera su fecundidad.

-Digamos que para usted los anticonceptivos químicos son paralelos a la castración voluntaria del hombre.

-No, no es exactamente lo mismo, porque uno es reversible y el otro es irreversible. Existe, pues, un grado de gravedad. No, no se puede decir que sea lo mismo. Lo Irreversible es más grave que lo reversible. Pero lo que temo mucho en el uso de los anticonceptivos -hablo desde el punto de vista médico- no es tanto su uso en una mujer ya algo mayor, de unos treinta años, por ejemplo, sino su uso en las jovencitas, que no han terminado su maduración sexual. No puedo creer que esto no las daña. Nadie sabe nada al respecto, pero me parece poco razonable decir a las jovencitas: "tomad la pildora, es muy bueno". Esto me parece verdaderamente... No tengo aún pruebas de ello; pero si usted quiere, es un sentimiento profundo de biólogo el que me hace pensar que perturbar un equilibrio tan exquisito en el momento en que el organismo está desarrollándose, madurando, no puede resultar inofensivo.

-De momento no existen suficientes experimentos, pero existen en el mundo entero unos estudios que se hacen en el curso de los años para examinar los peligros que puedan existir.

-Pero no muchos, sabe usted. No se hacen prácticamente más que unos estudios secundarios. Es decir, un médico observa en un país tal enfermedad producida a consecuencia de la toma de tal medicamento, lo publica y esto desencadena una encuesta sistemática. Pero la descendencia, o el estado de las mujeres bajo tratamientos hormonales sólo ha empezado a estudiarse hace pocos años. Dicho de otro modo, mucho después de haberse empezado a realizar este tipo de pruebas.

-¿No cree usted que en esta forma de actuar interviene, como lo he dicho antes, no sólo la política, sino también la economía de los grandes laboratorios? Porque se trata de miles de millones de cifras de venta. Es un mercado gigantesco.

-Puedo decirle que es, desde luego, un mercado gigantesco. Pero de ello a hablar de una influencia de los grandes laboratorios y de grandes fortunas para fabricar esta propaganda... yo no soy fabricante para decírselo, sería necesario realizar una investigación. No sé nada al respecto. Pero está usted en lo cierto cuando afirma que este asunto representa un mercado de miles de millones. No hay duda de ello.

-Me dice usted que no se realizan investigaciones suficientes sobre el tema en el mundo entero. ¿Puede interpretarse que no existen en número suficiente por falta de estímulos?

-Es verdad. No está suficientemente estimulado y hay mucha gente que no quiere hacer este tipo de investigaciones alegando que es un tema demasiado debatido, demasiado en conexión con la política, con los modos de vida, con la moral, con la idea que se tiene de la vida; que el lanzarse a este tipo de investigación es desagradable. Y pienso que ésta es una de las razones por las cuales, al final, no tenemos apenas estudios al respecto.

-¿Hace usted investigaciones sobre este tema?

-Sí, nos interesamos también en esta cuestión; pero hasta que no tengamos la impresión de poseer datos que nos permitan decir sí, no o quizá, todo lo que puedo declarar es que estamos trabajando en ello. Y nada más.

-En todo caso, me permitiré estar en contacto con usted para mantenerme al corriente de sus investigaciones y para cuando tenga usted que hacer declaraciones al respecto.

-Comprendo muy bien que el tema le interese. A mí me interesa mucho también; pero cuando se hacen investigaciones no se puede decir nada hasta que éstas no estén suficientemente avanzadas.

-Claro. Estaremos en contacto con usted dentro de unos meses para saber sí sus investigaciones llegan o no a una conclusión, y para obtener unas declaraciones que serían muy importantes, fueran positivas o negativas. Muchas gracias.